Había una vez una nena. Una nena, flaquita, flaquita y preciosa. Esta nena, tenia una mamá que la quería mucho mucho, y se preocupaba siempre por ella. La mamá la cuidaba y la aconsejaba y la nena casi siempre hacia caso en todo. Así madre e hija vivían felices sin preocupaciones. Un día, la mamá estaba peinando a la nena, y contándole como acostumbraba una historia para entretenerla. En eso, se dio cuenta que una manchita de tierra se veía en una de las pequeñas orejitas de su hija. Tenés que lavarte las orejas querida mía. La nena la miró con sorpresa, y rotundamente le contestó. No, no voy a lavarme nada. La mamá muy preocupada, puso cara de circunstancia y sentenció: A las nenas que no se lavan las orejas les crece una planta de papa en la cabeza. La pequeña sonrió, le pareció divertido. Una planta de papas, que loco, dijo, y siguió jugando con una muñequita flaca y chiquita como ella. Un día, mientras la vestía, la mamá notó que de una de las orejitas de la nena, asomaba un palito, con una hojita diminuta en la punta. Ya está, te dije, te esta creciendo la planta. La nena se tocó la oreja fascinada, y se imaginó comiendo puré y papas fritas toda la vida, no estaba nada mal. La mamá se hacia mala sangre y le rogaba que se lavara las orejas, pero no había caso, la nena no quería. De a poco, como decía la profecía, la planta de papas comenzó a crecer más y más. A la nena le salían ramas por la cabeza, primero chiquitas, luego mas grandes. La diversión se terminaba. La planta era tan pesada, que la nena no podía caminar. Tampoco podía ponerse la remera a rayitas que tanto le gustaba, porque no le pasaba por la cabeza. Las hojas de la planta no la dejaban ver. La nena lloraba y se arrepentía de no haberse querido lavar las orejas cuando su mamá le dijo. La mamá la miraba con tristeza sabiendo que ya no había nada que ella pudiera hacer. Ay, si la hubiera escuchado… Solo les quedaba esperar, a que las raíces de la planta se convirtieran en papas y que a la nena le explotara la cabeza. Si se hubiera lavado las orejas…
No terminaba así, era un poco mas optimista, pero así se escuchaba y en mi cabeza, era espectacular, yo me imaginaba todo, todo, y disfrutaba cada palabra de los cuentos que mi mamá con lujo de detalles me contaba. Hasta me daban ganas de no lavarme las orejas… El de la nena que no se quería cortar las uñas, se los dejo para que lo imaginen… En ese, hasta había sangre.
10 de agosto de 2007
Me lo contó mi mamá
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Natalia Bonavia
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7 de agosto de 2007
Apolo XI
Quien haya leído como yo, tanto, tanto, y haya visto, cuanta película clase B exista de ciencia ficción, entenderá un poco mi locura. Desde que mi abuela me regalo “De la tierra a la luna”, pasando por el día en que mamá me puso en el arbolito “Crónicas marcianas”, o esa noche en que con la familia completa fuí a ver “ET” al cine, mi fascinación por las estrellas crece y crece… He hecho varios esfuerzos por recordar cual de todas las experiencias de mi infancia, influyeron en esta pasión medio enfermiza (comparada solo creo, con mi amor por Boca Juniors) y la verdad que la lista es interminable. Pero, como me pasa a menudo, revolviendo en la boardilla de mis recuerdos, me teletransporté una vez más a la casa de la nonna. Y allí, encontré la clave de todo.
15 de Agosto, 1981
Acostada sobre las cerámicas frías, mirando el techo del living, cerró los ojos.
16 de Julio, 1969
Siendo las 10:32 de la mañana, de un soleado día de verano, en Cabo Cañaveral, el Saturno V despega de la tierra dejando una estela de Humo a su paso. 9 minutos después del lanzamiento, luego de desprenderse cada una de las fases del cohete, los astronautas que lo ocupan, sienten apagarse los motores y se dan cuenta de la falta de gravedad. El Apolo XI está en orbita. El mundo esta preparándose para ver por TV la experiencia mas emocionante en la historia de los viajes que el hombre puede haber realizado hasta la fecha. La luna se esta preparando para recibir a los huéspedes que hace tanto tiempo espera.Los astronautas están ansiosos por completar su tarea. Todavía deberán permanecer en el cohete unas 3 horas antes de comenzar el viaje hacia la luna. Son normas de rutina. Bromean entre ellos, están nerviosos, pero ven cada vez mas cerca su sueño hecho realidad. 4 días les tomará realizar todos los procesos para alunizar.
15 de Agosto, 1981
El cielo raso, antes blanco comienza a desaparecer. Un infinito de estrellas se asoma más allá de su vista. La luna Brilla, esplendida en el cielo.
20 de Julio 1969
En Houston son las 15:17, los hombres en el centro de control mantienen la respiración esperando que Neil Armstrong se comunique, las palabras llegan con algunos segundos de retrazo.
- Houston…aquí base tranquilidad, el Águila ha alunizado…
15 de Agosto, 1981
Ufff… la luna… ahí están… pisando por primera vez, con esas botas enormes, la superficie polvorienta y gris de nuestro satélite. La luna, que tanto ha inspirado a poetas, a pintores, a cineastas, a locos… La luna, el lugar donde nunca podremos viajar, o quizás si… Ese lugar que un día había soñado, estaba lleno de cavernas, invisibles desde el espacio, que de seguro iban a ser descubiertas, ese espacio oculto, en el que se iban grabando nombres, nombres de aquellos fascinados con la luna, que se escribían como por magia, sobre la superficie y que no se borraban con nada: Copérnico, Newton, Miguel Angel, Meliés, Verne, Bradbury, y ahora Armstrong y Aldrin, Algún día, su nombre también se dibujaría, para quedar grabado para siempre…
Desde el piso del living, la luna parece sonreír, como si los pies de los astronautas la acariciaran.
20 de Julio, 1969
- “Un pequeño paso para un hombre, un salto gigantesco para la Humanidad”
- “Quizás para Neil fuera un pequeño paso, pero para mí ha sido un bonito salto.”
Mientras en Houston ríen, Buzz Aldrin contempla a su alrededor y continúa hablando:
- “Bonito…bonito... Una magnífica desolación”
Las extensas llanuras de la luna, con sus enormes cráteres, que algún día estarán poblados, y que algún día se transformarán con atmósferas artificiales. Capáz en el año 2000… guau… en el año 2000.
La transmisión de TV, seguía y seguía, la gente se amontonaba en las vidrieras a mirar, en las casas nadie respiraba. El mundo estaba mirando. Otra vez la TV, maravillosa, enorme, perfecta. El blanco y negro solo se encargaba de reforzar el efecto del espacio. El presidente Nixon no pierde oportunidad para dar su mensaje pacifista, completamente inútil. Pero causa el efecto deseado y Armstrong dice algo que queda grabado para siempre.
- “Para nosotros es un honor y un privilegio estar aquí. Representamos no solo a los Estados Unidos, sino también a los hombres de paz de todos los países. Es una visión de futuro. Es un honor para nosotros participar en esta misión hoy”.
Alguien se acordó de los que están lejos, al otro lado del mundo, de los que lo miran por la tele, de los que saben que la luna está mucho, mucho mas lejos desde acá. Con los ojos abiertos, mirando el infinito, recorre el espacio lentamente, imaginando que camina entre las estrellas, ella tambien.
Los astronautas terminan de recoger muestras, realizan todas sus investigaciones, se despiden de Houston y Regresan al Modulo Lunar, para reunirse con el Apolo XI y regresar a la tierra. La misión ha sido un Éxito.
En la luna, quedaron entre otras cosas, un disco con los mensajes y saludos de todas las naciones del mundo, y una placa, colocada sobre la fase de aterrizaje del modulo lunar que dice:
“Aquí, unos hombres procedentes del planeta Tierra, pisaron por primera vez la Luna en Julio de 1969 D.C. Vinimos en son de paz en nombre de toda la humanidad.”
El Apolo XI emprende su regreso al planeta.
El disco de vinilo sigue girando mientras la púa choca sobre el final de la base. Del tocadiscos sale un ruido a estática que casi ni se siente. Poco a poco el techo y el cielo raso vuelven a aparecer. Gira la cabeza lentamente y mira el círculo negro con cariño. Lo encontró hace tiempo en la pilita de otros discos de 45 revoluciones, entre un montón de música italiana, ahí en el mueblecito del living un día que estaba buscando unas fichas para jugar con el nonno a las cartas. Venía en una tapa que es como un librito, que tiene la trascripción de todo lo que se oye y la traducción al español. Escucharlo es soñar despierta. Es remontarse tiempo atrás, como haberlo vivido y a la vez es saber que hay más tiempo por delante. Es mágico, como la luna. Ya no se siente el frío del piso en la espalda, el disco es corto, son solo 6 minutos en total, lo que duró la transmisión, pero la sensación es eterna y el estar acostada ahí panza arriba, mirando el techo que desaparece para convertirse en las estrellas es inexplicable. La nonna parece que lo entiende, porque cuando se acerca preocupada, sonríe dulcemente y se va despacito y de puntitas para no dejarla regresar a la tierra todavía. Las llanuras de la luna son enormes, hermosas, solitarias y al final de la lista de nombres esta el de ella, agregado desprolijo a último momento.
Natalia Bonavia (Derechos reservados)
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