Todo era marrón, si.. marrón… Bueno, no todo… La quebrada donde íbamos a pasar los fines de semana no, la cuesta del Portezuelo tampoco, pero la ciudad era marrón. Hasta el uniforme del colegio era de ese color. Café dirían los centroamericanos… Un color horrible. No? En Catamarca no pasaba nada. No había nada. Ni siquiera tenían canchas de tennis de polvo de ladrillo, había que jugar en cemento, gris cemento a tono con el color de la ciudad…!Cómo extrañábamos lo que habíamos dejado atrás!. Por suerte la familia, como siempre, creaba su propio microclima y en casa todo era maravilloso. Hasta teníamos mesa de ping pong improvisada en el cuarto del fondo. No alcanzaba a reemplazar la plaza de la vuelta de la esquina o el paraíso grandote donde hacíamos la casa en el árbol pero por lo menos nos entretenía. La verdad, vivir en Catamarca era nefasto. Todo era diferente y nada era mejor. Por ejemplo, un día, estábamos mi hermana y yo recién llegadas del colegio, quejándonos para variar, cuando mamá nos mandó a jugar a la vereda para que nos “dejáramos de romper” como siempre nos decía. Fer agarró su pelota de básquet, uno de sus más preciados tesoros, y salimos. Se hacia difícil jugar al básquet en Catamarca. Se preguntarán por qué. Simple, no había vereda. Si créanlo, nuestra casa era la única en la cuadra que tenia un angostito caminito de cemento, todo lo demás era ripio y tierra hasta la calle. Nos las arreglábamos de todas formas para hacer unos pases, despacio, con un rebote de borde a borde del pavimento y así pasar el rato hasta que baje el sol y má nos llame para tomar la leche. En la casita de enfrente unos ojos oscuros nos miraban desde la ventana. No habíamos hablado nunca con los vecinos que se escondían cuando salíamos, me imagino que nosotras para ellos éramos unos bichos raros. En un descuido, la pelota se fue abajo del Citroen de mamá, un 3CV viejito que nos llevaba y traía de un lado a otro. No la pudimos sacar, intentamos, intentamos y nada. Corrimos en busca de ayuda, mami, mucha bola no nos dio y como último recurso le pedimos a Esperanza, la Señora grandota que hacía la limpieza, que con su sonrisa despareja nos acompañó a la puerta, escoba en mano, para sacar la pelota de abajo del auto. Nos agachamos para alcanzarla y para nuestra sorpresa la pelota grandota, naranja, que se llamaba igual que la pelota de Tom Hanks, Willson, ¡No estaba! Había desaparecido. Entramos cabizbajas, tristes, enojadas. No podíamos hacer nada. Espiando ahora nosotras por la ventana vimos a los vecinos de ojos oscuros jugando con la pelota en la tierra de la entrada de sus casas. Mamá dijo que paciencia, que no se nos ocurriera armar drama, que no quería problemas con los vecinos. Nosotras ya nos estábamos pintando la cara de negro y preparando la revancha. Pero mami fue muy clara: pobres chicos, dijo. Y nos quedamos ahí, Fer y yo, en pie de guerra sin hacer nada. Definitivamente, Catamarca no era nuestro lugar. Algo tenía que cambiar. Algo iba a cambiar. Una tarde, como siempre, como todas, llegamos del colegio. Era jueves me acuerdo, como olvidarme. Y también como siempre, nos refugiamos frente a la tele, con la leche con Nesquick y las galletitas Lincoln en un platito. La televisión escupía propagandas y anunciaba estrenos. De repente nos llamó la atención una noticia terrible. Unas enormes naves estaban aproximándose a la tierra. Gigantescos discos espaciales se acercaban rápidamente y se posaban sobre las principales y más grandes ciudades del planeta. Obviamente en Catamarca no. La gente asustada, reaccionaba de diferentes formas. Algunos huían despavoridos, otros organizaban recepciones fantásticas. Los gobiernos se reunían y los ejércitos se preparaban. El resto de las personas, nosotras incluidas, lo mirábamos por televisión preguntándonos que pasaría. Yo por esa época ya había leído “Crónicas marcianas” y había visto por TV la primera versión de “La guerra de los mundos”, por lo que la noticia me generaba sentimientos encontrados. Un poco de miedito y mucha curiosidad. ¿Quiénes eran? ¿De dónde venían? ¿Cómo eran?. Nuestra vida en Catamarca cambió para siempre. Ya no importaba la escuela, ni los vecinos de enfrente, ni no tener pelota de básquet, ni los alacranes, solo importaba volver a casa rapidito, prender la tele y descubrir que iba a pasar en el planeta. Los extraterrestres eran como nosotros. Un alivio que no duraría mucho. Aparentemente venían en son de paz. Por suerte estaban lejos, no llegaban a nuestra ciudad. Todos desconfiábamos, pero no podíamos hacer nada. Solo limitarnos a seguir los acontecimientos por televisión y cruzar los dedos. Ahora ya no importaba vivir en Catamarca, esa maravillosa caja boba nos arrancaba de la rutina y nos transportaba a otras ciudades, ciudades interesantes, de colores, donde la humanidad estaba amenazada por una raza de seres que resultaron ser reptiles malvados, que solo querían dominarnos y que no se iban a marchar tan fácilmente. Nosotras desde la ciudad marrón, estábamos al tanto de todo y preparadas por si alguna navecita se acercaba y nos descubría. La resistencia nos había reclutado sin querer y nos contaba entre sus filas mientras que nos daba un motivo para seguir adelante, para ir al colegio, sospechando que las compañeras, o tal vez alguna de las monjas, eran aliens infiltrados disfrazados de personas que comían ratones cuando no las veíamos. Si, definitivamente, la grandota del fondo que todo el tiempo me molestaba y que me empujaba a la salida, era un lagarto disfrazado. Claro que no me atreví nunca a delatarla, no era el momento, todavía no habíamos contactado a nadie más del grupo rebelde. La lucha había comenzado en todo el mundo y nosotras pondríamos, llegado el momento nuestro granito de arena. Seguro, los vecinos no se iban a poner de nuestro lado, ellos fácilmente se iban a dejar dominar por los lagartos, capaz hasta le regalaban la pelota a ellos. No había aliados, nosotras, en casa, juntas, planeábamos la revancha e imaginábamos mil formas de escapar, hasta que llegaba la hora de prender la tele y seguir mirando fascinadas la perdición del mundo, y la salvación de dos hermanas arrastradas a una ciudad sin sol, que habían encontrado una forma de alejarse de la realidad, gracias a la idea reciclada de un estudio de hollywood, importada a la argentina y transmitida por canal 10. Por eso, desde entonces, cuando me dicen que mirar mucha tele hace mal, me acuerdo de mis días en San Fernando del Valle de Catamarca, me río, me preparo una lechita y cambio de canal.
Natalia Bonavia (Derechos reservados)
31 de julio de 2007
Catamarca, the saddest place on earth
Publicado por
Natalia Bonavia
en
16:53
6
comentarios
11 de julio de 2007
Misión Azul
En la pantalla de comunicaciones apareció de repente un planeta color azul.- Interesante. Creo que debemos bajar a explorar.- Estoy de acuerdo capitán. Prepararé el equipo.- Excelente Doctora… Vamos Spock. Tu también nos acompañarás.El capitán, rubio, alto, maravilloso. Se levantó de su silla y se dirigió hacia el transportador. La doctora lo siguió obediente. Llevaba colgando su trascoder, el láser y un lector de radiación. El capitán la miro complacido. Algo pasaba entre ellos que el deber y los rangos no permitían.
- Vamos Spock, te estamos esperando.
- Yo no quiero ser Spock.
- Tenés que ser Spock.- Mirá si no sos Spock, entonces sos Scotty, pero te quedás en la nave. Porque él siempre se queda.
Era la oportunidad perfecta para estar un poco solos, y deshacerse del pequeño, rubio, bajito, inoportuno.- No, yo quiero ir.- Entonces sos un rojo… y si te matan, te matan… después no vengas a decir que te aburrís. Elegí, Spock, Scotty, o un rojo.
- mmm mejor soy Spock.
- Por fin… bueno vamos Capitán, que estamos perdiendo el tiempo y tenemos que ver si hay vida en ese planeta azul.
- Si adelante. Energía…- Pero… no me gusta Spock…
- Por qué no? Juanpa, está re bueno ser Spock, sabés todo… no Guille?
- Mmm, si… - El capitán estaba un poco desilusionado de que Scotty no se quede en la nave… no le gustaba llevar a Spock. Si hubiera sido un rojo, en cuanto pisasen el planeta, se hacia pasar por alien y le disparaba. Lo mandaba herido a la nave y le ordenaba comunicarse desde ahí. Iba a tener que pensar una buena salida para deshacerse del orejón ese, maldito Vulcano.
- Pero es aburrido Spock… ustedes son siempre los que se pelean con los malos…El capitán perdió la paciencia. Frunció el ceño y su figura se alzo amenazante sobre su subalterno.
- Bueno, cortala. Jugás o no Jugás?
El poder de la experiencia y los seis años más tuvieron éxito en ese momento.- Si, ufa, si... soy Spock.
- Listo capitán, podemos seguir? Me aburro…
- Ok, Doc, Vamos…
Se materializaron rapidito en la superficie del planeta. Para su sorpresa era una construcción muy parecida a las de la tierra. Se sintieron como en casa. El piso de baldosas y la terraza parecían ser una edificación típica de la zona. Adelante, divisaron una escalera larguísima, que bajaba, se acercaron y vieron lejos, muy lejos, abajo, un bosque y donde este parecía terminar, una luz extraña. Con mucho sigilo comenzaron a bajar la escalera.
- McCoy, quédate aquí, Spock, acompáñame, vamos a investigar.Se marcharon los dos. El alto y el pequeño. Ella los vio alejarse y suspiró. Le encantaban estas aventuras de los viernes. Cuando Irma la pasaba a buscar por la escuela y la llevaba a su casa a jugar con los chicos. Que suerte que mamá la dejaba.El capitán estaba de regreso.
- Que pasó? Y Spock?- Se quedó tomando muestras del suelo, no hay nada en este planeta, estamos perdiendo el tiempo, volvamos a la nave.De repente un láser silbó sobre sus cabezas. Estaban siendo atacados. Se refugiaron detrás de unas rocas y respondieron al fuego enemigo.
- piu… piu….- shiuuuu, shiuuuu….- nos rodean…- no podemos ganar… debemos rendirnos…Ambos levantan las manos y se ponen de pié por detrás de las piedras. Estaban rodeados, como había dicho el capitán. Los aliens habían ganado. Su única esperanza era que Spock venga al rescate. De repente de entre los hombrecitos azules, una figura pequeña, rubia, se adelanta. El capitán se sorprende:- Spock!- nop… no me gusta ser Spock… soy Darth Vader…
- no podés ser Lord Vader, salame, eso es de otra película… tengo cara de princesa Leia yo?
- Pero me dijiste que podía ser el malo…- Si, Spock que se vuelve malo por la influencia de una extraña planta con la que tiene contacto explorando el suelo.
- Pero no me gusta ser Spock! quiero tener otro nombre!!!
- Huy Juan, no se puede con vos… ok, sos Mudd…
-Nooo, ese no me gusta, es gordo.
El capitán y la doctora aún con las manos levantadas estaban perdiendo la paciencia.- Bueno, sos Spock o no? Nos vas tomar prisioneros, o nos vamos a jugar al Attari la Nati y yo, y te quedás afuera.- Bueno, Bueno, soy Spock.- Un plomo tu hermanito…- Si, que querés, es un enano…Por fin, ya prisioneros, con las manos atadas, espalda contra espalda, Spock los abandona a la merced de las bestias hambrientas del planeta y se va al Enterprise para tomar por sorpresa a sus ocupantes.- Tranquila Doc, saldremos de esta.
- Si capitán, lo se…El capitán, valiente como siempre, se esfuerza por librarse de sus ataduras, entre los dos lo logran. No tienen armas y Spock se llevó lo comunicadores. No les queda más remedio que esperar a ser rescatados. Se sientan en un banco de piedra que no habían visto antes, a esperar.
No hay caso, el rescate no viene. El capitán propone subir la escalera. Es tarde. La Doctora está de acuerdo. Descubren una pequeña nave en una esquina de la explanada. Toman por sorpresa a los alienígenas azules que están resguardándola y vuelan hasta el Enterprise. Spock no está, ha desaparecido. Solos, capitán y doctora, deciden que ha sido mucho para un solo día, que están cansados y que ya es hora de tomarse un respiro. Se miran durante un segundo, con cariño, con ganas. Guille consulta su reloj.. Huy!!! En 10 minutos empieza Viaje a las Estrellas. Juanpa ya está sentado frente al televisor. Casi se lo pierden. Él la toma de la mano y la empuja hasta el estar, ella se deja llevar, se sientan a mirar tele. Los tres chicos abren grandes los ojos y cantan a coro… “ chaaaa… cha… cha.. cha, cha… cha… chaaaan… estos son los viajes…” La Nati suspira despacito, seguro hoy, el Capitan Kirk le da un beso a la doctora…
Para Guille y Juan Paulo Zamora, long time no see.
Natalia Bonavia (Derechos reservados)
Publicado por
Natalia Bonavia
en
21:39
4
comentarios
5 de julio de 2007
La sirena mágica
Natalia Bonavia (Derechos reservados)
Publicado por
Natalia Bonavia
en
22:56
3
comentarios
