Miramar, verano, viento y arena… Varias cosas, los panqueques de Popeye, los fichines de Pibelandia, el pochocho dulce del carrito con el payasito, las garrapiñadas en el bolsillo, las escapadas a la siesta para dar vueltas en bici alrededor de la manzana, y las pistas de autitos de plástico hechas con arena en la playa.Lo mejor… los barriletes de polietileno con varillita de plástico que mi abuela vendía en el kiosco. Se los traía el viajante de cigarrillos. No me pregunten que tenia que ver el viajante de cigarrillos con los barriletes, pero siempre que el señor pelado venia en su camioncito cerrado, mi abuela tenia 2 o 3 barriletes en el kiosco, guardados, ahí, debajo de todo…Y lo mas loco era que no estaban a la venta; eran para la NIETA!!!. La nieta que era una fanática de todo lo que había en el maravilloso mundo del kiosco de la abuela. Kiosco el Grillo se llamaba, dicen que por la Zamba. No me acuerdo bien como era la zamba, pero sonaba linda cuando mi abuela la tarareaba.En fin… los primeros 2 barriletes siempre quedaban enganchados en el cable de la luz de la vereda mano, de la calle 27 esquina 36. Sip. Parece que cuando una es chica, piensa que va a poder controlar el viento y que le va a ser fácil mantener el barrilete volando entre las 2 filas de cables de vereda a vereda. Por más que mi abuela se esforzaba en darme el ovillo de hilo choricero mas corto que encontraba, yo me las arreglaba para colgar el barrilete de alguno de los postes de luz. Era un barrilete por día. O sea. Una visita del viajante al mes. 3 barriletes. 3 días de remontadas. Había veces que me obligaba a esperar para no malgastar barriletes, o en los que solo corría soltando unos pocos metros de piolín para practicar la maniobra pero sin dejarlo elevarse, para que me dure un poco mas… Cuando solo quedaba uno, el de BATMAN, entraba el abuelo en la historia. Si; el maravilloso abuelo con su chevy enorme que nos llevaba a todos lados. Sabio, mi abuelo, esperaba a que cambie el viento. Viento del SUR, el que nadie quiere, que trae lluvia y frío. ¡En los días de Viento SUR se remontan barriletes! Eso no se olvida más. Entonces Marroco nos llevaba a la playa. A la costanera, donde hay pastito. Nos llevaba, porque íbamos mi hermana y yo. Mi hermana que era una especie de Robin que ayudaba a remontar el barrilete de Batman (espero que se entienda la alegoría). Si, porque yo, experta en barriletes cuando soplaba el viento del sur, necesitaba ayudante. Marroco, entraba a la casilla del balneario Tiburón, y se tomaba unos mates con el bañero de turno, que por la sudestada ese dia no tenia mucho trabajo. Fer y yo abrigadas con nuestras camperitas inflables (iguales pero de distinto color, rosa ella, celeste yo) nos preparábamos para la remontada. A todo esto me falta decir que yo había para entonces desestockeado a mi abuela de hilo choricero. Of Course!! Mi ovillo (prolijamente enrollado en un palito) era de un tamaño descomunal, metros y metros de hilo... perfecto, todo estaba listo. Fer a unos 30 metros de distancia, contra el viento, sosteniendo lo mas alto que podía, y con cara de susto, el barrilete. Yo, presta a la remontada. En estos casos no se corría. Era coordinación perfecta entre hermanas y viento. Al Grito de “DAAAAllllleeeeeeee, LAAARRRGAAALOOOOO” fer soltaba el barrilete, y yo, ágil, audaz, daba ese maravilloso tirón con toda mi fuerza. Y entonces, Batman, cobraba vida, y empezaba a volar con su capa desplegada… y el rollo de piolín se iba desenrollando, y la Sudestada se llevaba el barrilete, alto alto alto… y se veía un punto moverse, uau, me acuerdo y tengo la misma sensación… era precioso… fer y yo, paradas en el pasto verde de la costanera, de un lado edificios, de otro el mar, el cielo gris gris parejo, un hilo largo largo en la punta un barrilete con una cola de nylon reforzada con unos trapos anudados, y un palito de madera en mi mano, que ya casi no necesitaba mover. El barrilete nos hipnotizaba y ahí las dos.. mirando para arriba, esperábamos que Abue se cansara de tomar mate con los otros bañeros y nos viniera a buscar para irnos a casa, a guardar el barrilete hasta la próxima sudestada.
Natalia Bonavia (Derechos reservados)
Natalia Bonavia (Derechos reservados)